Del engaño y la apariencia…

Engañar es fácil. O eso parece al menos.

Lo parece por la cantidad de personas que usan el engaño como base para establecer relaciones.

Se puede engañar a la familia, a tu jefe, a tus amigos, a esa persona que acabas de conocer.

Se te ve el plumero...

Se te ve el plumero…

Sí, lo puedes hacer. Dependiendo del contexto te resultará más fácil o más difícil. A veces ni si quiera tienes que decir nada, es una de las formas más simples y utilizadas para engañar. No decir nada. Omitir información que no se te ha preguntado. Porque… ¿Quién es esa persona para que le tengas que contar todo no?

Quizás la pregunta que deberías hacerte no es esa. La pregunta que debería importante es: ¿Quién quieres que sea esa persona para ti?

Es una cuestión de enfoque. Si quieres mantener a una persona a tu lado, nunca la engañes. No pero es que si se entera de esto o de aquello… Bueno míralo de esta manera. Hace algunos años, uno de los fundadores de Google (no recuerdo cuál de los dos) en respuesta a las personas que se quejaban de que en Google aparecían cosas que hicieron en el pasado, decía algo así como… Si no quieres que algo se sepa, lo mejor es que no lo hagas.

Esto lo dijo en ese contexto claro. Respecto a acontecimientos publicados en internet e indexados por Google.

Y claro, tú, pensarás que tu vida no está online. Que no hay una página donde buscar cada acción que haces a lo largo del día. Y es verdad, no la hay, pero hay una forma más sencilla todavía de buscar en ti… La expresión de tu cara, tus ojos, un silencio en un momento concreto, todo tu ser es una librería de datos preparados para ser leídos por quién sepa interpretarlos.

Todo el empeño que pones en engañar, se puede ir al traste en cuestión de un segundo y sin necesidad de que abras la boca.

El que engaña, aparenta.

Son dos hermanos gemelos el engaño y la apariencia. Donde va uno el otro le sigue de cerca.

Aparentar es también el fruto del engaño. Engañas un poquito por aquí, otro poquito por allí… Y ladrillo a ladrillo vas construyendo un muro de formas y colores, alrededor de esa persona que has elegido para darle la versión de ti que crees que es mejor que vea.

Sin embargo, el que aparenta, casi sin darse cuenta. Termina equivocando el rumbo y rodeándose a si mismo con ese muro, termina creyéndose su propio engaño. De tal forma, que llegado a un punto, pierde el control del engaño y cae preso de su propia apariencia.

Es a partir de ahí, cuando sólo quien recurre al engaño y la apariencia se ve a si mismo como pretende que lo vean los demás. Rodeado sin querer por su propio muro de engaños, con la venda en los ojos de la apariencia que construyó para otros es incapaz de darse cuenta de que ya no engaña a nadie más que a si mismo.

Puede que el significado de la famosa frase “las apariencias engañan” no sea el que siempre pensaste.

Comments

  1. By Martin

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